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Las horas

Quiero ver esperar esa fría situación que hoy anhela el ocaso de tu vientre, palpitando en sumisión el cálido atardecer del día final, como si  no hubiese mañana después de hoy, secreta imaginación, alejado centro. Controlo mis sentimientos hasta el límite repugnante de verlos pudrirse, como si rotara en torno a una única perspectiva la opinión universal de todos los frentes seduciendo a esa sola señal que repite tu nombre. Musa del tiempo, paladea cada letra de tu boca el alma soñada de un divino vértigo racimo de tierra agua tormentosa viento voraz caos simétrico.

Y pareciera todo padecer el reflejo pálido de un perfil neutro, como si no hubiese imaginado esa secreta satisfacción de hoy estar en negra naturaleza las pesadas plumas del ángel deshechas, camino por esa corona espinosa.

Demasiado ha hundido esta noche sus garras en la luz, demasiado ha desgarrado sus manos iluminadas de noche esta profundidad. Quiero verte caer, en el pétalo del olvido costumbres de épocas, y no imaginada en una noche cualquiera lejana en el viento.

Osadía del Sol, sólo en tus venas venera tu nombre secreto centro del tiempo.

Irascible

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Irascible en el silencio la tarde destrozada imploró una luz tendida en una sala, como una mujer derramando de un sueño. La velocidad, acusada en esas miradas, era mas un sinónimo de lo neutro que un destino del ayer, y sin saber buscabas representarte del otro lado de la imagen del río. Quién invadirá el frío de esa música, con la sensación adecuada? Quién descubrirá debajo del montón de escoria el cristal de la palabra correcta, de la justicia cegada.

Miré una noche, la ví caer del otro lado de tus ojos cerrados, por fuera era.

Irascible pero en el  idioma del fuego. Una vez no sabíamos contar esa vez. Una vez el amor fue la cesación, pero inevitablemente.

Río irascible, escoria, velocidad, luz, tarde cristal fuego, amor, música, imagen, frío, cegada, inevitablemente

La puerta

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La puerta

 

Si una puerta es un destino que se abre a la inconmensurable presencia de una oportunidad arrancada de su cierto destino, ya culminado, de ser la esperanza misma aguardando a ser iluminada en el umbral de esa puerta que se abre, y una mano cualquiera, supongamos la de Z, decide ejercer la fuerza para inclinar hacia la tierra el frío y dorado picaporte que sujeta a la puerta de su mano, que sujeta su mano sujeta al cuerpo de Z, sujeto a la tierra, removida y fría, podríamos preveer que en en ese encuentro, en esa perfecta intersección de ambos destinos cruzados, de ambos desenlaces enlazados (pero el primero era puro desenlace), Z podría ceder perfectamente la zigzagueante letra de su nombre a cualquier otra que mejor nos suene, o quizás que no nos moleste tanto al oído al ser pronunciada sin mas sonidos que acompañen la monótona música de un nombre monosilábico.

Ahora, supongamos un silencio, el vértigo de la luz acechando su ya indómita cara, las facciones olvidadas de su rostro en una profunda depresión de la conciencia, en el vértigo de nuestros mas fieles sentidos, en la suspensión de una memoria condenada a rimar, a arreglar la disonancia perpetua de nuestra sangrante naturaleza, a remover los fallos, a enjuiciar, a soslayar el ímpetu de un golpe en una ferviente caricia, supongamos por fin en ese instante que Z. verdaderamente es A., y que una puerta no abre nada que no haya sido abierto en la mente de (supongamos) un Dios, supongamos, que este cuento no es lineal y que una línea remite a la otra, digamos, azarosamente, y que concientemente las referencias son cruzadas, y el umbral y el picaporte dorado y frío junto a la tierra, fría también, pero removida por nuestras propias pisadas, no sean elementos ciertos de una historia incierta, de un destino supuesto en un valeroso cruce con uno ya resuelto, el del destino primero que espera a un tal Z. que está en pleno proceso de abrir una puerta.

Obvio que yo en este punto de esta sección, debería indicar una señal mas precisa que preste el lector a leer, que por fin ubique el sector involucrado de su mente en el acto de lectura en el propio ego de quien premedita un final, o algún rasgo de la personalidad de quién haya escrito este texto, sea A o Y.

Entonces tenemos un nombre cualquiera que avanza, un destino cumplido absorbido por ya la mitad de un cuerpo que entra. Es este punto el de máximo conflicto en el asunto, medio cuerpo adentro supongamos Z, medio cuerpo afuera, es decir cualquier nombre, Z o no Z, aunque creo que después de esta larga historia debería ser otra cosa que Z, sólo creo. Avancemos nosotros, giremos el frío y dorado eje que nos sujeta a la tierra, para darnos cuenta sí, que Z. era nuestra propia puerta anclada en el umbral de muchos destinos cruzados en nuestra mano derecha ejerciendo la fuerza descendente ya vigorosa ya cansada de estar involucrada en dos cuentos en el mismo relato involuntariamente o sea, el lector y Z.

Deshiciste las hojas quebradas secandose al viento, en el trazo de la mañana dibujando un horizonte profundo, dulcemente inaccesible de transitar,
como si la luz no fuera el principio de una nueva llegada; sólo intentar bajo esa noche cerrada el gesto único, la palabra inicial, llena de sentido.

Variaciones....

Flor azul ahora desgranada en la semilla del tiempo, corrupta esencia de un acorde pura periferia del perfume obscuro de sus pétalos, desmayados ahora desde la cima de su delicada y espinosa cumbre, regada de belleza, amplia en naturaleza seca. En ese vestigio de esa tarde celeste y azul, espléndida y miserable en estrellas,donde no percato en la profundidad ningun recuerdo débil, ninguna corroboracion de mi antigua, de mi futura existencia. Quisiste ser nítido el caos, o su mas lúcida interpretación, su dependencia, su creador, y  ahora ya sólo heredero de un imperio ajeno, feliz y fatalmente ajeno.Ahora bajo el vestigio de humanidad, veneras el acorde lejano, confuso pero íntimo, de tu propia voz que regresa.

Noche nueva

Noche nueva ha deslumbrado mis espléndidas visiones de la roja hoja cayendo del doble árbol de la sola fruta, y alumbrado por esa débil certidumbre exhorté a las sombras a abandonar su frío reposo. Invoqué a las antiguas musas, celebré los rituales de mis antepasados y libré mi lucha eterna contra la de memoriales espinas. Todo lo nacido fue ardiente en su última tarde, furiosamente destrozado y susurrada la ceniza que el viento deshace. La sed de agua corrupta anega mi garganta, herida del canto de las cosas matinales a la que se adhiere como un eco en las incomprensibles noches. De futilidad y asombro están hechas esas melodías que entonan todas las manos de los hombres en su andar hacia. No saliendo de su despertar hallaron la calma en las alturas reunidas, y ajenos a la obscura raíz bebieron del fresco fruto a la sombra de una alta roca. Los espacios mal sentidos eran zonas de fascinación de sus no habitantes o de todas las pisadas que hundirán su vano piso en el futuro, un antes de un después valerosamente supuesto. El que no degrada su atardecer en lunas y soles desgarrados, desciende de un intenso movimiento de lo frágil escondido entre la ruina memorial de una ciudad dorada, de su mente y de cada silencio glacial de crepitar del fuego, de su absolución y condena. Atrapado en un único universo de metal y tierra en la arena sublevada al implacable libre atroz viento.

Cielo

Bello cielo de mi impugnación, beatitud de verte condenada al fuego dulce de un despertar a mi lado del lado donde brillan todas las vanas esperanzas del no verte crecer en la redimida fuente de lo no redimido, lo expectante a dejar de soñar su abrir los ojos. Campanas de mi impugnación, secreto cielo. Tengo todo el anhelo de una inmarchitable distancia, de la indisoluble distancia de una playa extensa que se abisma en el centro de tu mente como una luz ausente enamorada. Al verme, encontrarme así, bajo toda tu imaginación quebrada, bajo todo tu cielo derramado en tus manos ofrenda del tiempo, una nítida ilusión tus manos en mis manos dado todo el sentido lejos todo el sonido. Y si cerrases en un instante la tibia armazón que me amarra, cómo vería brillar en ese puerto, la cálida sensación de que alguien me espera, que alguien celebra su última unión de noche desganada, y lenta deshecha en una cama de tierra, y dulce en un abrazo con lo ignoto, con lo célebre abandonado, a invadir con tu voz de permanencia el eco sin sentido de las generaciones…

El genio

El genio no debe hablar, no debe explicar nada. No tiene tiempo para desperdiciar, debe crear y crear, como embriagado, sin noción del tiempo y el espacio, sin noción de la genialidad, incluso detestando a los que lo llaman genio, y nunca quisieron ser como el, y su admiración es mas una blasfemia vanidosa, que un real agradecimiento al que fue por ellos. Mejor sería que el genio muera, cuando todos los signos y señales muestren exactamente lo contrario, que hay vida entre nosotros y que algo persiste. Porque el genio no solamente está donde ya estuvimos, sino que estará donde quizás no nos animemos a estar, por ignorancia o por miedo. El genio debería dar su palabra y su silencio, y ser esa fractura que se abre en la tierra seca, en la tierra muy seca. Y cuando creamos entender una palabra del genio, mejor que dejemos de subestimarlos, porque es seguro que él ya nos olvidó para crear su arte, mucho tiempo atrás y creó una entrada donde nosotros encontramos una salida. Así lo veremos pasar al genio, con una palabra misteriosa con una cadencia extraña en su prosa, y sin avisar que se fue cuando ya se ha ido para siempre, cuando ya se ha quedado a vivir entre nosotros para siempre.

Irreversible

Irreversible citado desde las vanas auroras,
Al pozo del misterio al ojo ciego de dios,
A la límpida lucidez del cielo sin color,
Y cuando quiero mirar arriba abajo veo,
Y los otoños me desgarrarán eternamente del árbol del tiempo,
Y cuando miré abajo treparé bajo toda la tierra de mis años,
A incendiar con el fuego frío de sus manos el arder de mi memoria,
Como una luz adormecida en el fondo de un mar extenso.
Cuando crea ver encontraré, bajo esa mirada el intenso vibrar del mediodía
Cuando sol condenado a su consumirse quiera verter en la arena la pasión que lo sofoca,
Detrás del poema de la hoja del libro de la viva biblioteca de la prosa,
A brillar,
Pero irreversible sin la nota dolorida de un invierno sin la pureza de la nieve que se mezcla con el barro,
A soñar el sueño de las aves, a morir la muerte de los venerables,
A caminar, pero caminar tan lentamente que el día no pueda abrirse
Ni cerrarse a suspirar su propia apertura,
Tan lentamente que ni el futuro intervenga en tus pasos,
Ni tus pasos sean la cifrada meta,
Ni tú arte la semilla que la tierra siembre.
No quiero ver esa flor extendiendo sus delgados, celestes, pétalos
Que como un cielo fragmentado
Que como un sol iluminado su centro fuera
Y la sangre no consagrada ser el vértigo indefinido de su palpitación,
Su sed que no es Su sed,
El agua profundamente,
La apertura indefinida de un amanecer que no cifra su noche,
La cifra, el delicado destino del intenso comenzar.
Irreversible, como una moneda de mil y una caras,
Como una noche llena de voces y de miradas que ahora cierra sus ojos para besar

al silencio.

Origen

Si la luz que no veo es reflejo de la sombra que tendré cuando vea la sombra que todavía sin la luz que no tengo a cambiar, en la imagen que son tus ojos mirando el resplandor del mundo que podría habitarnos a los dos. Quisiera cambiar ese juego de oxidadas lanzas que es la suma de tu voz volviendo sucesivamente como la suma de las noches. Y sobre todas las cosas, ¿ a quién mirarás caer del borde de tus brazos a la nostalgia, a los pasos errantes que buscan necios un camino lejos de tu regazo?

Quisiera ver perecer esas noches, si sombra que no veo es luz que me refleja, del otro lado del espejo veo tu cara me pierdo sin la soledad flagelo del destino perecido y ahora no hay destino ni palabra.

Pero ahora sé de donde vengo.

Who can stand?

 

O for a voice like thunder, and a tongue
To drown the throat of war! - When the senses
Are shaken, and the soul is driven to madness,
Who can stand? When the souls of the oppressed
Fight in the troubled air that rages, who can stand?
When the whirlwind of fury comes from the
Throne of God, when the frowns of his countenance
Drive the nations together, who can stand?
When Sin claps his broad wings over the battle,
And sails rejoicing in the flood of Death;
When souls are torn to everlasting fire,
And fiends of Hell rejoice upon the slain,
O who can stand? O who hath caused this?
O who can answer at the throne of God?
The Kings and Nobles of the Land have done it!
Hear it not, Heaven, thy Ministers have done it!

Sin nombre.

La última plegaria de sus manos brotó de la tierra dócil de su esperanza, dejo caer su debilidad del pozo ciego de su coraje, de sus ojos cerrados ante todas las visiones que la asedian. Complejidad del padecer, en el fondo del río del tiempo el frío de su profundidad, su inmensa noche como el silencio de la fruta que espera madurar. Vimos crecer en torno nuestro la sombra y la luz combatiendo en el filo del mediodía de la medianoche, y hoy asistimos sin mirada a los vestigios dispersos de una guerra innecesaria. El reloj acecha. Su implacable motor nos mueve, el destino es una flor de hierro, arrancada del petrificado corazón de la sensación marchita. De hierro también es la palabra, oxidada lleva honorable la ardua carga del significado, como quién lleva en sus pasos ya el camino y la meta, pero sin llegar, pero lejos y sin saber verdaderamente a dónde ir, a dónde se está. Como ella, nos desconocemos, nos intentamos descifrar sin querer quebrar la delicada línea que nos separa de la última unidad, quizás para cerrar finalmente nuestro secreto en el símbolo adecuado.

Dia y Noche

 

La destrozada luz de la mañana implora a su arbol caído en la fosa común con la noche el vértigo perdido de sus antiguas iluminaciones, la intensa luz flor del tiempo, cuando tus ojos vacíos de sueño aclamaban en secreto esa silenciosa fascinacion de presenciar en el centro cayendo a dos grandes imperios. Vestigio matinal de las auroras, complacencia del éxtasis de la dulce lágrima de la tierra.

La destrozada luz de la noche implora a su arbol caído en la fosa común de la mañana el vértigo perdido de sus antiguas iluminaciones, la pálida luz raíz del tiempo, cuando tus ojos completos de sueño aclamaban en secreto esa silenciosa fascinación de presenciar en el centro cayendo a dos grandes imperios. Vestigio vespertino de los atardeceres, complacencia del éxtasis de la amarga lágrima de la tierra.

John Donne La prohibicion

La prohibición

Cuídate de amarme,
al menos recuerda, que yo te lo he prohibido.
No es que así recupere el dispendioso gasto
de aliento y sangre que hice por tus suspiros y tus lágrimas,
al ser para ti entonces lo que tú eras para mí.
Pero alegría grande nuestra vida prontamente gasta,
entonces, no sea que tu amor por mi muerte se frustre;
si tú me amas, cuídate de amarme.

Y cuídate de odiarme,
evita el demasiado triunfo en la victoria.
No es que yo sea mi propio instrumento de venganza
y devuelva con mi odio tu odio,
sino que perderás esa reputación de haber conquistado
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Entonces, no sea que al yo ser nada te rebaje a ti;
si tú me odias, cuidate de odiarme.

Sin embargo, ámame y ódiame también,
así esos extremos no serán prerrogativas de ninguno.
Amame, que pueda yo morir más dulcemente.
Odiame, porque tu amor es demasiado grande para mí;
o deja que esos dos se agoten entre sí, pero no yo, pero no nosotros.
Asi celebraré tu logro antes que tornarme en tu victoria.
No sea qué a tu amor y a tu odio y a mi mismo deshagas;
para que viva, ámame, y ódiame también.

Der Tod des Dichters - Rilke

Yacía. En su rostro alzado sobre el alto almohadón
había palidez y rechazo
desde que el mundo y aquel saber de él,
arrebatado a sus sentidos,
cayó de nuevo al año indiferente.

Los que lo veían vivir no sabían
que todo aquello y él era lo mismo;
y es que aquello: aquellos valles y praderas
y aquellas aguas eran su cara.

Oh sí, su cara era todo aquel espacio,
que aún ahora acude a él y lo reclama;
y su máscara, que expira angustiada,
es mórbida y abierta como el interior
de un fruto que se seca al aire.

 

Dylan Thomas

IN MY CRAFT OR SULLEN ART (EN MI OFICIO U HOSCO ARTE)

In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed 
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart
En mi oficio u hosco arte
ejercido en la noche en calma
cuando sólo rabia la luna
y los amantes descansan
con sus penas en los brazos,
trabajo a la luz cantora
no por ambición ni pan
lucimiento o simpatías
en los escenarios de marfil
sino por el común salario
de su recóndito corazón.
Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.
No para los soberbios aparte
de la rabiosa luna escribo
en estas páginas rociadas
por las espumas del mar
ni para los encumbrados muertos
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
abarcando las penas de los siglos,
que no elogian ni pagan ni
hacen caso de mi oficio o arte.

AND DEATH SHALL HAVE NO DOMINION (Y LA MUERTE NO TENDRÁ SEÑORÍO)

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.
And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan't crack;
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no moriran aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.
And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.

DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT (NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA BUENA NOCHE)

Do not go gentle into that good night
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.
No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.
Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.
Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.
Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.
Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.
Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.
Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

el Yo en la obra de Borges (mio)

El tratamiento del Yo en la obra de Jorge Luis Borges es bastante amplio. A pesar de su escepticismo, posición filosófica a la que arribó en su madurez, a lo largo de su historia podemos encontrar diversas afirmaciones, negaciones, refutaciones de sus propias posiciones del yo. Bien sabido es que la filosofía no fue ajena a Borges, de ella capturó nociones o esquemas que luego le servirían como estructura sobre los que edificar sus cuentos, y aún sus poemas. Por otro lado, en Ficciones, Borges nos advierte ‘’La metafísica es una rama de la literatura fantástica’’[1], entonces es en la literatura, donde están todos los esquemas filosóficos puestos en juego, y es precisamente por eso que Borges no puede decidirse por ninguno, porque tiene presente la historia de la literatura tanto como la historia de la filosofía. Por otro lado sabemos, que muchas teorías filosóficas las veía desde su lado estético, desde la belleza de su concepción, a pesar de ser erróneas. Sus influencias metafísicas van desde la Teología, el idealismo de Hume y Berkeley, la noción de especie de Shopenhauer, hasta el simple realismo.

Veamos concepciones del Yo influenciadas por el idealismo: en Plaza San Martín: y la honda plaza igualadora de almas / se abre como la muerte, como el sueño”[2], en After Glow: “cuando notamos su falsía, / como cesan los sueños / cuando sabemos que soñamos”.[3] , en Amanecer, “reviví la tremenda conjetura/ de Shopenhauer y Berkeley / que declara que el mundo / es una actividad de la mente, / un sueño de las almas /”[4], en Funes el Memorioso, donde se invierte el radical olvido del Idealismo hacia una memoria extrema, en Las Ruinas Circulares, donde el Yo sueña sonándose, en El Golem[5], donde el creador es criatura al fin, etc. En El otro, el soñador también es soñado como en Las Ruinas Circulares, el Yo del Borges presente sueña al Yo del Borges del pasado y el Yo del Borges del pasado sueña al Yo del Borges del presente, hacia ambas direcciones, pasado y futuro, hay irrealidad, como lo predica el Idealismo, ya que están fuera de la percepción. Al igual que en Las Ruinas Circulares, el soñador sueña y es soñado. Nos dice en El otro[6] “Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.

En Borges y Yo, el escritor se ve integrando parte de la historia de la literatura: aceptando la realidad del tiempo, ve que el creador es pasajero, pero no su criatura, tiene fe en que el creador sobreviva en su criatura. Ahora desde la posición realista de la filosofía, afirma la existencia del tiempo, el presente es real “y de hierro’’, hubo un pasado, habrá un futuro, hay vigilia. “Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.”  No conocemos a Borges, sino al narrador Borges, y él sabiéndose en la posteridad. En este caso, el espejo no deforma al duplicado, Borges fue lo que quiso ser, o acaso, lo que pudo ser, en el espejo de alguna de sus “páginas válidas” se reconoce, pero más en el espejo de las páginas ajenas: “yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica”,aunque como afirma la última oración: “No sé cuál de los dos escribe esta página.”: narrador y escritor se confunden: “Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro”. El Yo público y el Yo privado se confunden ya que son parte de un mismo Borges, el presente, el que ve, y el que prevé. Justificación, salvación, fundamento, sentido, son palabras reiteradas en distintos textos. El Borges mortal vive para que el Borges inmortal continúe su obra, la posibilidad de su justificación: “Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.” El yo duplicado surge cuando se ve formando parte de la historia de la literatura, como otro libro mas de una biblioteca cualquiera, mezclado entre tantos libros. La salvación se le niega porque se ve formando parte del tiempo, un escritor entre otros, un número, ni el primero ni el último.

Acerca de su posición de la noción de especie de Shopenhauer, es decir de la concepción del Yo particular como integradora de un Yo universal que integraría la “eidos” o “especie”[7], poco se ha dicho, pero que nos resulta importante entrever para comprender o para intentar teorizar diversas posiciones filosóficas del Yo a las que Borges acudió en varias oportunidades.  La importancia de la doctrina platónica en Shopenhauer es cabal, se puede confrontar en Borges en poemas como everness: “sólo del otro lado del ocaso / verás los Arquetipos y Esplendores”(en esos arquetipos estará su Yo también, su síntesis), así como en su reiteración en la figura del espejo: El otro, el mismo, es una metáfora de esta situación de reflejos del Yo, del yo que tiene el otro y es el mío, del Yo que integra la especie. Vemos en Spinoza “No lo turba la fama, ese reflejo / de sueños en el sueño de otro espejo…[8] Vemos en Edipo y el enigma, Somos Edipo y de un eterno modo / la larga y triple bestia somos, todo / lo que seremos y hemos sido.”[9] En Tema del Traidor y del Héroe[10] y en Biografía de Tadeo Isidoro Cruz: “comprendió que el otro, era él”[11]. Según Borges, cada hombre es por lo menos dos personas[12]. Esto lo podemos ver también en Tres Versiones de Judas: “Judas refleja de algún modo a Jesús.”[13]

 Respecto a sus posiciones realistas del Yo, vemos en Nueva refutación del tiempo, “el tiempo es la sustancia de lo que estoy hecho (…) El mundo desgraciadamente, es real; yo desgraciadamente, soy Borges.”, en el poema Adrogué: “yo que soy tiempo, sangre y agonía”[14].  Vemos en Junín, Soy pero también el otro, el muerto / el otro de mi sangre y de mi nombre...[15] Estos intentos de Borges por encontrar su identidad en su familia, en su abuelo que luchó en la batalla de Junín, son radicalmente opuestos a los del Idealismo. El idealismo de Hume no creía en la realidad del pasado, ni en las certezas de la memoria, ya que solo era real lo actualmente percibido.

Respecto a sus posiciones teológicas, podemos encontrar un yo propio afirmado como efímero, como nimio, inimportante, respecto a Dios. Vemos en el poema  El otro: “Suyo es lo que perdura en la memoria / del tiempo secular. Nuestra la escoria.”[16], en El alquimista: “Dios que sabe de alquimia, lo convierte / en polvo, en nadie en nada, y en olvido”[17], en Edipo y el Enigma: “Nos aniquilaría ver la ingente / forma de nuestro ser, piadosamente, / Dios nos depara sucesión y olvido.”[18] En Everness y en Ewigkeit  se verifica un cierto optimismo respecto al yo, lo que ha visto el mortal y lo que ha vivido y pensado, su Yo, no se pierde, sino que Dios lo retiene, lo prefigura y conserva: “Sé que una cosa no hay. Es el olvido / sé que en la eternidad perdura y arde / lo mucho y lo precioso que he perdido: /  esa fragua, esa luna y esa tarde”, en Oda escrita en 1966: “(Si el Eterno/ Espectador dejara de soñarnos / un solo instante, nos fulminaría / blanco y brusco relámpago, Su olvido.)”[19], en  El reloj de arena: “No he de salvarme yo, fortuita cosa / de tiempo, que es materia deleznable.”[20]

Hay otra posición acerca del Yo que quisiera nombrar, que es la conciencia del escritor ante  su obra, como vemos en El milagro Secreto[21] donde el Yo del escritor tiene la responsabilidad de concluir su obra: ha nacido junto al tiempo y junto al tiempo morirá cuando encuentre la palabra necesaria para terminarla. Este poema, es un poema de aliento, el escritor necesita un fundamento de existencia, creer que ha sido “enviado” al mundo para concretar su obra. La obra se transforma en su salvación, se cree en el futuro, en la inmortalidad del Yo a través de la obra. En la  Parábola del Palacio[22] se trasluce que el escritor lo que debe buscar es la palabra que cifre el universo, cuando encuentre esa palabra, el universo será abolido, del sueño se habrá despertado. La afirmación de que esa palabra existe, de que el escritor debe encontrarla o crearla, es también una esperanza, un motivo, un sentido para escribir.

“El narrador es el hombre capaz de dejar consumir completamente la mecha de toda su vida en la dulce llama de la narración”[23], siguiendo ésta afirmación de Walter Benjamin, podemos afirmar que los narradores, la tradición oral de las antiguas leyendas, el trato con la muerte, la transmisión de la experiencia, el consejo práctico de la sabiduría, se están perdiendo, han quedado relegados completamente por la novela-mercancía del capitalismo. “El justo es el vocero de sus criaturas y al mismo tiempo su máxima encarnación''[24] dice Benjamin, es decir que el narrador que como creador significa todas sus criaturas, tiene la responsabilidad con los hombres de acercarle su experiencia, y en ese movimiento, intercambiar y nutrirse de la experiencia ajena. En la Argentina, hubo un Jorge Luis Borges, cuya gran pasión era la épica, desde Homero, pasando por Virgilio, hasta las Sagas Escandinavas. Quizás, uno de los pocos bastiones de la memoria de la literatura anglosajona y escandinava en el siglo XX, tan rica en tradición oral y en poesía, sin contar su gran recuperación de la literatura clásica y romántica, literaturas que los modernos parecieran rechazar como ajenas. Borges nunca escribió una novela, éste es un dato significativo para contrastar con la teoría de Benjamín, probablemente haya sentido el mismo vaciamiento de sentido en las novelas modernas, y ya conocemos su afición al cuento, su pasión por la literatura nórdica, su inagotable búsqueda del fundamento de la existencia, del fundamento de su escritura y de sus lecturas. Borges se dio a si mismo la misión de hacer perdurar la leyenda, de mantener viva la tradición. Recordemos como quiere ser recordado, en Una oración: “Puedo dar el coraje, que no tengo; puedo dar la esperanza, que no está en mí; puedo enseñar la voluntad de aprender lo que sé apenas o entreveo. Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo; que alguien repita una cadencia de Dunbar o de Frost o del hombre que vio en la medianoche el árbol que sangra, la Cruz, y piense que por primera vez la oyó de mis labios.” [25]. Borges sentía la responsabilidad de un maestro de vida, de enseñar la voluntad de aprender algo que quizás no pueda aprenderse, pero sí vivirse y narrarse. Es la responsabilidad de un “narrador”, de un “justo que se encuentra a sí mismo”[26]. En su íntima oración, Borges se dirige y se inclina ante sus lectores.

La visión de la cruz[27]...“Comenzaron entonces esos hombres a prepararle un sepulcro a la vista de quien le había dado muerte. Tallaron un ataúd de piedra reluciente y colocaron en su interior al Señor de las Victorias. Cantaron entonces una canción doliente, tristes en el atardecer, y partieron luego exhaustos, dejándolo allí en poca compañía. Mas nosotras permanecimos allí largo rato, fijas en el lugar. Las voces de los hombres ascendieron; el cuerpo se enfrió, esa maravillosa morada de la vida. Entonces nos derribaron, caímos todas a la tierra – ese fue un horrible destino – y fuimos enterradas en un pozo profundo. Mas los sirvientes del Señor, sus amigos, se enteraron de ello y me encontraron, y me cubrieron luego de oro y plata.”


[1] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, Barcelona, Emecé, 1996, p 436.

[2] Jorge Luis Borges, Obras Completas 1, Barcelona, Emecé, 1996, p 21.

[3] Ídem, p.37.

[4] Ídem, p.38.

[5] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, p.279.

[6] Ídem, p.285.

[7] Véase Shopenhauer, Arthur, El mundo como Voluntad y Representación, Buenos Aires, Aguilar, 1960, capítulo XXIX del libro tercero y capítulo XLII del libro cuarto.

[8] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, p. 329.

[9] Ídem, p. 328.

[10] Jorge Luis Borges, Obras Completas 1, p.496.

[11] Ídem, p.563.

[12] Martín Arias y Martín Hadis, Borges profesor: curso de literatura inglesa dictado en la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Emecé, 2001, p. 343.

[13] Jorge Luis Borges, Obras Completas 1, p. 515.

[14] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, p. 234.

[15] Idem, p.341.

[16] Ídem, p. 285.

[17] Ídem, p. 323.

[18] Ídem, p. 328.

[19] Ídem, p. 339.

[20] Ídem, p. 201.

[21] Jorge Luis Borges, Obras Completas 1, p. 509.

[22] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, p. 191.

[23] Walter Benjamin, El narrador, Buenos Aires, Planeta-Agostini, 1990, p 211.

[24] Ídem, p. 207.

[25] Jorge Luis Borges, Obras Completas 2, p. 419.

[26] Walter Benjamin, El narrador, p.211.

[27] Martín Arias y Martín Hadis, Borges profesor: curso de literatura inglesa dictado en la Universidad de Buenos Aires, traducción de Martín Hadis, p.377.

Wordsworth (traduccion mia)

 

Verses composed a few miles above tintern abbey, on revisiting the banks of the wye during a tour. July 13, 1798
William Wordsworth (1770-1850)

 

Five years have past; five summers, with the length
Of five long winters! and again I hear
These waters, rolling from their mountain-springs
With a soft inland murmur.--Once again
Do I behold these steep and lofty cliffs,
That on a wild secluded scene impress
Thoughts of more deep seclusion; and connect
The landscape with the quiet of the sky.
The day is come when I again repose                     
Here, under this dark sycamore, and view                    
These plots of cottage-ground, these orchard-tufts,
Which at this season, with their unripe fruits,
Are clad in one green hue, and lose themselves
'Mid groves and copses. Once again I see
These hedge-rows, hardly hedge-rows, little lines
Of sportive wood run wild: these pastoral farms,
Green to the very door; and wreaths of smoke
Sent up, in silence, from among the trees!
With some uncertain notice, as might seem
Of vagrant dwellers in the houseless woods,
Or of some Hermit's cave, where by his fire
The Hermit sits alone. These beauteous forms,
Through a long absence, have not been to me
As is a landscape to a blind man's eye:
But oft, in lonely rooms, and 'mid the din
Of towns and cities, I have owed to them
In hours of weariness, sensations sweet,
Felt in the blood, and felt along the heart;
And passing even into my purer mind,
With tranquil restoration:--feelings too
Of unremembered pleasure: such, perhaps,
As have no slight or trivial influence
On that best portion of a good man's life,
His little, nameless, unremembered, acts
Of kindness and of love. Nor less, I trust,
To them I may have owed another gift,
Of aspect more sublime; that blessed mood,
In which the burthen of the mystery,
In which the heavy and the weary weight
Of all this unintelligible world,
Is lightened:--that serene and blessed mood,
In which the affections gently lead us on,--
Until, the breath of this corporeal frame
And even the motion of our human blood
Almost suspended, we are laid asleep
In body, and become a living soul:
While with an eye made quiet by the power
Of harmony, and the deep power of joy,
We see into the life of things. If this
Be but a vain belief, yet, oh! how oft--
In darkness and amid the many shapes
Of joyless daylight; when the fretful stir
Unprofitable, and the fever of the world,
Have hung upon the beatings of my heart--
How oft, in spirit, have I turned to thee,
O sylvan Wye! thou wanderer thro' the woods,
How often has my spirit turned to thee!
And now, with gleams of half-extinguished thought,
With many recognitions dim and faint,
And somewhat of a sad perplexity,
The picture of the mind revives again:
While here I stand, not only with the sense
Of present pleasure, but with pleasing thoughts
That in this moment there is life and food
For future years. And so I dare to hope,
Though changed, no doubt, from what I was when first
I came among these hills; when like a roe
I bounded o'er the mountains, by the sides
Of the deep rivers, and the lonely streams,
Wherever nature led: more like a man
Flying from something that he dreads, than one
Who sought the thing he loved. For nature then
(The coarser pleasures of my boyish days,
And their glad animal movements all gone by)
To me was all in all.--I cannot paint
What then I was. The sounding cataract
Haunted me like a passion: the tall rock,
The mountain, and the deep and gloomy wood,
Their colours and their forms, were then to me
An appetite; a feeling and a love,
That had no need of a remoter charm,
By thought supplied, nor any interest
Unborrowed from the eye.--That time is past,
And all its aching joys are now no more,
And all its dizzy raptures. Not for this
Faint I, nor mourn nor murmur, other gifts
Have followed; for such loss, I would believe,
Abundant recompence. For I have learned
To look on nature, not as in the hour
Of thoughtless youth; but hearing oftentimes
The still, sad music of humanity,
Nor harsh nor grating, though of ample power
To chasten and subdue. And I have felt
A presence that disturbs me with the joy
Of elevated thoughts; a sense sublime
Of something far more deeply interfused,
Whose dwelling is the light of setting suns,
And the round ocean and the living air,
And the blue sky, and in the mind of man;
A motion and a spirit, that impels
All thinking things, all objects of all thought,
And rolls through all things. Therefore am I still
A lover of the meadows and the woods,
And mountains; and of all that we behold
From this green earth; of all the mighty world
Of eye, and ear,--both what they half create,
And what perceive; well pleased to recognise
In nature and the language of the sense,
The anchor of my purest thoughts, the nurse,
The guide, the guardian of my heart, and soul
Of all my moral being. Nor perchance,
If I were not thus taught, should I the more
Suffer my genial spirits to decay:
For thou art with me here upon the banks
Of this fair river; thou my dearest Friend,
My dear, dear Friend; and in thy voice I catch
The language of my former heart, and read
My former pleasures in the shooting lights
Of thy wild eyes. Oh! yet a little while
May I behold in thee what I was once,
My dear, dear Sister! and this prayer I make,
Knowing that Nature never did betray
The heart that loved her; 'tis her privilege,
Through all the years of this our life, to lead
From joy to joy: for she can so inform
The mind that is within us, so impress
With quietness and beauty, and so feed
With lofty thoughts, that neither evil tongues,
Rash judgments, nor the sneers of selfish men,
Nor greetings where no kindness is, nor all
The dreary intercourse of daily life,
Shall e'er prevail against us, or disturb
Our cheerful faith, that all which we behold
Is full of blessings. Therefore let the moon
Shine on thee in thy solitary walk;
And let the misty mountain-winds be free
To blow against thee: and, in after years,
When these wild ecstasies shall be matured
Into a sober pleasure; when thy mind
Shall be a mansion for all lovely forms,
Thy memory be as a dwelling-place
For all sweet sounds and harmonies; oh! then,
If solitude, or fear, or pain, or grief,
Should be thy portion, with what healing thoughts
Of tender joy wilt thou remember me,
And these my exhortations! Nor, perchance--
If I should be where I no more can hear
Thy voice, nor catch from thy wild eyes these gleams
Of past existence--wilt thou then forget
That on the banks of this delightful stream
We stood together; and that I, so long
A worshipper of Nature, hither came
Unwearied in that service: rather say
With warmer love--oh! with far deeper zeal
Of holier love. Nor wilt thou then forget,
That after many wanderings, many years
Of absence, these steep woods and lofty cliffs,
And this green pastoral landscape, were to me
More dear, both for themselves and for thy sake!

Versos escritos pocas millas más allá de la abadía de Tintern, al volver a las orillas del Wye durante una excursión. Trece de julio de 1798

 

Cinco años han pasado, cinco veranos, con la extensión
de cinco largos inviernos! Y nuevamente oigo
esta aguas, rodando desde sus fuentes en las montañas
con un suave murmullo interior. Otra vez
contemplo estos escarpados y encumbrados riscos,
cuya salvaje recluída escena imprimen,
pensamientos de aún mas profunda reclusión; y conectan
el paisaje con la quietud del cielo.
El día es en que nuevamente reposo,
aquí, bajo este sombrío sicamoro, y veo
estos entramados de tierras de casas de campos, estos
huertos,
que en esta estación, aún con sus frutos inmaduros,
se revisten de un tono verde, y se pierden ellos mismos
entre arboledas y pequeños bosques. Una vez mas, veo
esta fila de setos, severas filas de setos, pequeñas líneas
de lúdica madera corriendo salvajemente: estas granjas pastoriles,
verdes hasta la misma puerta; y coronas de humo
elevadas, en silencio, de entre los árboles
con alguna incierta noticia, que podría parecer
de vagabundos moradores de los bosques deshabitados,
o de alguna cueva de un hermitaño, donde junto al fuego,
el hermitaño se sienta solo. Estas hermosas formas,
a través de una larga ausencia, no han sido para mi,
como es el paisaje para los ojos de un hombre ciego.
Pero a veces, en solitarias habitaciones, y entre el ruido
de pueblos y ciudades,
les he debido en horas de debilidad, dulces sensaciones,
sentidas en la sangre, y sentidas en el fondo del corazón,
y pasando incluso dentro de mi mente pura,
restaurándola con tranquilidad,: sentimientos
de placer no recordado:
que tal vez no desprecian ni influyen trivialmente
en la mejor parte de la buena vida de un hombre,
sus pequeños, anónimos, olvidados, actos
de benevolencia y de amor. A pesar de eso (¿?), yo creo,
a ellos puedo haber debido otro don
de aspecto mas sublime, ese estado beato,
en el cual el misterio,
en el cual el pesado y la cansadora carga
de todo este mundo ininteligible,
es iluminado: ese estado sereno y beato,
en el cual los afectos gentilmente nos guían,
hasta que el aliento de este armazón corporal
y aún el movimiento de nuestra sangre humana
apenas suspendidos, estamos acostados dormido
el cuerpo, y nos volvemos un alma viviente:
con los ojos aquietados por el poder
de la armonía, y con el profundo poder de la alegría,
vemos dentro de la vida de las cosas. Si esto
es sólo vana creencia, sin embargo... ¡con que frecuencia
en la penumbra y en el medio de la gran cantidad de formas,
de la poco alegre luz del día, en la irritada e improductiva
impaciencia
y la fiebre del mundo,
he sentido ligado a los latidos de mi corazón--
¡Que seguido, en espíritu, me he tornado hacia ti
Oh Wye salvaje que erras en los bosques!
¡Que seguido, se ha mi espíritu tornado hacia ti!
Y ahora, con resplandores de pensamiento medio extinto,
Con muchos recuerdos oscuros y débiles,
Y algo de una triste perplejidad,
La imagen de la mente revive de nuevo,
Mientras aquí espero, no sólo con la sensación,
De placer presente, sinco con placenteros pensamientos,
De que en ste momento hay vida y alimento
para futuros años.  Y así me atrevo a esperar,
aunque haya cambiado, sin dudas, de lo que fui cuando primero
vine entre estas colinas, cuando como un corzo
saltaba por las montañas, de los lados
de los profundos ríos, y de las solitarias corrientes,
donde quiera que la naturaleza guíe, mas como un hombre
vuela por algo que teme, que por uno
que busca la cosa que ama. Pues la naturaleza entonces
(los bárbaros placeres de mi juventud,
y sus alegres movimientos animales, todos han pasado)
para mi era todo en definitiva. No puedo retratar,
que era entonces. La sonora catarata,
me cazó como una pasión, la alta roca,
la montaña, y el profundo y oscuro bosque,
sus colores y sus formas, eran entonces para mí
un gusto, un sentimiento y un amor,
que no necesitan de un encanto remoto
que el pensamiento reemplaze, ni algún interés
no prestados por los ojos. Ese tiempo es pasado,
y todas sus punzantes alegrías no están mas ahora,
ni todos sus confusos raptos. No por esto
me desfallezco, ni me acongojo ni me quejo, otras dones
han seguido, por esa perdida., yo tendría (?)
aundante recompensa. Porque he aprendido
a mirar en la naturaleza,
no como en la hora de irreflexiva juventud, sino escuchando a veces
la quieta, triste música de la humanidad,
ni ruidosa ni pesada, aunque con amplio poder
de castigar y subyugar. Y he sentido
una presencia que me perturba con la alegría
de elevados pensamientos, una sublime sensación
de algo mucho mas profundo y difundido,
cuya morada es la luz de la puesta del sol,
y el circular océano y el aire vivo,
y el cielo azul, y la mente del hombre,
un movimiento y un espíritu, que impulsa
todas las cosas pensantes, todos los objetos de todo pensamiento,
y ruedan a través de todas las cosas. Por consiguiente sigo siendo
un amante del prado y de los bosques,
y de las montañas, y de todo lo que contemplamos
desde esta tierra verde; de toda el potente mundo
de la vista, y del oído, lo que ambos a medias crean,
y lo que perciven, bien agredecido para reconocer
en la naturaleza el lenguaje de los sentidos,
la amplitud de mi mas puros pensamientos, la nodriza,
la guía, la guardiana de mi corazón, y el alma
de todo mi ser moral. Y quizás,
si no fuera sido instruido así, sufriría mas
mi genial espíritu hasta decaer;
pero tú estás conmigo aquí sobre las orillas
de este hermoso río; tu mi más querdida Amiga,
mi querida, querida Amiga; y en tu voz atrapo
el lenguaje de mi anterior corazón, y leo
mis primeros placeres en las luces resplandecientes
de tus ojos salvajes. Oh! Sólo por un tiempo,
pude contemplar en ti lo que yo era entonces,
mi querida, querida Hermana" y en esta oración que rezo,
sabiendo que la Naturaleza nunca traicionó,
el corazón que la amó; éste su privilegio,
a traves de todos los años de ésta nuestra vida, de guiar
de alegría en alegría, porque ella puede formar
la idea que esta dentro nuestro, tan impresa
de quietud y belleza, y tan nutrida
con elevados pensamientos, que ninguna lengua malvada,
o juicios precipitados, ni las burlas de los hombres egoístas,
ni saludos donde amabilidad no hay, ni todos
los monótonos sucesos de la vida cotidiana,
prevalecerán contra nosotros, o molestar
nuestra alegre convicción, que todo lo que contemplamos
está lleno de bendición. Por lo tanto, deja a la luna
brillar sobre ti en tu solitario camino,
y deja a los brumosos vientos de montaña ser libres
de soplar contra ti: y, en los años siguientes,
cuando estos salvajes extásis maduren ç
en un soberbio placer; cuando tu mente
sea una mansion para todas las formas bellezas,
y tu memoria sea como una morada
para todas los dulces sonidos y armonías, oh! Entonces,
si la soledad, el miedo, el dolor, la tristeza,
debieran ser parte de ti,  con que  regeneradores pensamientos, de delicada alegría, tú me recordarás a mí,
y estas mis exhortaciones! Pero , quizás,
si yo debiera estar donde no pueda oír más
tu voz, ni encontrar desde tus ojos salvajes estos resplandores de pasada existencia-tú recordarás entonces que sobre las orillas de esta deliciosa coriente,
nosotros estuvimos juntos, y que yo, tanto tiempo
adorador de la naturaleza, aquí vine,
incansable de ese servicio, mejor dicho
con cálido amor-oh!con muy profundo fervor
de sagrado amor. NI tu olvidarás ademas,
que despues de tantas vacilaciones, de tantos años
de ausencia, estos escarpados bosques y pronunciadas pendientes,
este pastoral paisaje verde, fueron para mi
mas queridos, por ellos mismos y por ti.

 

 

 

 

Hyperion

 A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre, pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante un extraño, y no la comprendo. Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.

A las parcas

A las parcas
 
Un verano y un otoño más os pido, Poderosas,
para que pueda madurar mi canto,
     y así, saciado con tan dulce juego,
     mi corazón se llegue hasta morir.

El alma que aquí abajo fue frustrada
no hallará reposo, ni en el Orco,
     pero si logro plasmar lo más querido
     y sacro ante todo, la poesía,

entonces sonreiré satisfecho a las feroces
sombras, aunque debiera dejar
     en el umbral mi voz. Un solo día
     habré vivido como los dioses. Y eso basta.

 

An die Parzen


Nur Einen Sommer gönnt, ihr Gewaltigen!

   Und einen Herbst zu reifem Gesange mir,

      Daß williger mein Herz, vom süßen

         Spiele gesättiget, dann mir sterbe.

 

Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht

   Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht;

      Doch ist mir einst das Heilge, das am

         Herzen mir liegt, das Gedicht, gelungen,

 

Willkommen dann, o Stille der Schattenwelt!

   Zufrieden bin ich, wenn auch mein Saitenspiel

      Mich nicht hinab geleitet; Einmal

         Lebt ich, wie Götter, und mehr bedarfs nicht.