John Donne La prohibicion
La prohibición
Cuídate de amarme,
al menos recuerda, que yo te lo he prohibido.
No es que así recupere el dispendioso gasto
de aliento y sangre que hice por tus suspiros y tus lágrimas,
al ser para ti entonces lo que tú eras para mí.
Pero alegría grande nuestra vida prontamente gasta,
entonces, no sea que tu amor por mi muerte se frustre;
si tú me amas, cuídate de amarme.
Y cuídate de odiarme,
evita el demasiado triunfo en la victoria.
No es que yo sea mi propio instrumento de venganza
y devuelva con mi odio tu odio,
sino que perderás esa reputación de haber conquistado
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Entonces, no sea que al yo ser nada te rebaje a ti;
si tú me odias, cuidate de odiarme.
Cuídate de amarme,
al menos recuerda, que yo te lo he prohibido.
No es que así recupere el dispendioso gasto
de aliento y sangre que hice por tus suspiros y tus lágrimas,
al ser para ti entonces lo que tú eras para mí.
Pero alegría grande nuestra vida prontamente gasta,
entonces, no sea que tu amor por mi muerte se frustre;
si tú me amas, cuídate de amarme.
Y cuídate de odiarme,
evita el demasiado triunfo en la victoria.
No es que yo sea mi propio instrumento de venganza
y devuelva con mi odio tu odio,
sino que perderás esa reputación de haber conquistado
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Entonces, no sea que al yo ser nada te rebaje a ti;
si tú me odias, cuidate de odiarme.
Sin embargo, ámame y ódiame también,
así esos extremos no serán prerrogativas de ninguno.
Amame, que pueda yo morir más dulcemente.
Odiame, porque tu amor es demasiado grande para mí;
o deja que esos dos se agoten entre sí, pero no yo, pero no nosotros.
Asi celebraré tu logro antes que tornarme en tu victoria.
No sea qué a tu amor y a tu odio y a mi mismo deshagas;
para que viva, ámame, y ódiame también.
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