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Cielo

Bello cielo de mi impugnación, beatitud de verte condenada al fuego dulce de un despertar a mi lado del lado donde brillan todas las vanas esperanzas del no verte crecer en la redimida fuente de lo no redimido, lo expectante a dejar de soñar su abrir los ojos. Campanas de mi impugnación, secreto cielo. Tengo todo el anhelo de una inmarchitable distancia, de la indisoluble distancia de una playa extensa que se abisma en el centro de tu mente como una luz ausente enamorada. Al verme, encontrarme así, bajo toda tu imaginación quebrada, bajo todo tu cielo derramado en tus manos ofrenda del tiempo, una nítida ilusión tus manos en mis manos dado todo el sentido lejos todo el sonido. Y si cerrases en un instante la tibia armazón que me amarra, cómo vería brillar en ese puerto, la cálida sensación de que alguien me espera, que alguien celebra su última unión de noche desganada, y lenta deshecha en una cama de tierra, y dulce en un abrazo con lo ignoto, con lo célebre abandonado, a invadir con tu voz de permanencia el eco sin sentido de las generaciones…

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