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Noche nueva

Noche nueva ha deslumbrado mis espléndidas visiones de la roja hoja cayendo del doble árbol de la sola fruta, y alumbrado por esa débil certidumbre exhorté a las sombras a abandonar su frío reposo. Invoqué a las antiguas musas, celebré los rituales de mis antepasados y libré mi lucha eterna contra la de memoriales espinas. Todo lo nacido fue ardiente en su última tarde, furiosamente destrozado y susurrada la ceniza que el viento deshace. La sed de agua corrupta anega mi garganta, herida del canto de las cosas matinales a la que se adhiere como un eco en las incomprensibles noches. De futilidad y asombro están hechas esas melodías que entonan todas las manos de los hombres en su andar hacia. No saliendo de su despertar hallaron la calma en las alturas reunidas, y ajenos a la obscura raíz bebieron del fresco fruto a la sombra de una alta roca. Los espacios mal sentidos eran zonas de fascinación de sus no habitantes o de todas las pisadas que hundirán su vano piso en el futuro, un antes de un después valerosamente supuesto. El que no degrada su atardecer en lunas y soles desgarrados, desciende de un intenso movimiento de lo frágil escondido entre la ruina memorial de una ciudad dorada, de su mente y de cada silencio glacial de crepitar del fuego, de su absolución y condena. Atrapado en un único universo de metal y tierra en la arena sublevada al implacable libre atroz viento.

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